Os teus ovários são simpáticos. Literalmente.

Tus ovarios son simpáticos. Literalmente.

Claro. Aqui tienes la versión en español de España, adaptada para el blog de Daysy y manteniendo el mismo nivel de prudencia científica.

Tus ovarios son simpáticos. Literalmente.

No estamos diciendo que sean simpáticos porque ovulan todos los meses y hacen lo que pueden.

Estamos hablando, literalmente, del sistema nervioso simpático.

Una investigación publicada en la revista Science identificó nervios simpáticos y células gliales en el ovario humano y mostró algo especialmente interesante: los ovarios están mucho más conectados con el sistema nervioso de lo que sugería aquella imagen antigua de “dos órganos que guardan óvulos”.

Y este hallazgo encaja en un cambio más amplio en la forma en la que la ciencia está empezando a mirar al ovario.

Un ovario no es una bolsa llena de óvulos

Durante mucho tiempo, cuando se hablaba de envejecimiento ovárico, la explicación parecía casi contable.

Nacemos con una determinada reserva de folículos. Esa reserva va disminuyendo. La edad aumenta. La fertilidad disminuye.

Todo eso sigue siendo cierto, pero es solo una parte de la historia.

Hoy sabemos que el ovario está formado por mucho más que folículos. Tiene vasos sanguíneos, células inmunitarias, fibroblastos, células nerviosas, matriz extracelular y distintos tipos de células que se comunican entre sí.

Estudios recientes de biología celular y genética muestran que, con la edad, también cambia el entorno que rodea a los folículos. Se producen alteraciones en la vascularización, el metabolismo celular, la expresión genética y los mecanismos relacionados con la inflamación y el envejecimiento.

Es decir: para entender qué ocurre con un óvulo, no basta con mirar al óvulo.

También hay que mirar al lugar en el que vive.

Y sí, los ovarios tienen nervios simpáticos

En el estudio publicado en Science, los investigadores utilizaron imagen tridimensional, análisis celular y estudios funcionales para comparar ovarios humanos y de ratón a distintas edades.

Encontraron redes de nervios simpáticos en el ovario y células gliales, las células que ayudan a sostener el funcionamiento del sistema nervioso.

También observaron que la densidad de esos axones aumentaba con la edad.

Después hicieron algo que solo podía estudiarse en un modelo animal: eliminaron parte de esa inervación simpática en los ovarios de ratones.

El resultado fue una alteración de la foliculogénesis, es decir, del proceso mediante el cual los folículos crecen y se desarrollan.

Esto sugiere que la comunicación entre el sistema nervioso y el ovario participa en la regulación del desarrollo folicular.

Pero conviene no convertir este hallazgo en una conclusión que el estudio no demostró.

No significa que estar estresada durante una semana “estropee los óvulos”. Tampoco demuestra que meditar, respirar hondo o dormir ocho horas aumente la reserva ovárica.

La idea es más interesante que eso: el sistema reproductivo está biológicamente conectado con otros sistemas que durante mucho tiempo hemos estudiado casi por separado.

Los folículos tampoco están distribuidos de forma uniforme

Otro resultado curioso de este trabajo fue la observación, en ovarios humanos, de grupos de folículos concentrados en determinadas zonas de la corteza ovárica.

No parece existir una distribución perfectamente homogénea.

Puede parecer un detalle anatómico, pero ayuda a desmontar otra idea demasiado simple: la de que el ovario es un depósito uniforme en el que todos los folículos viven en las mismas condiciones.

El microambiente importa.

La investigación sobre envejecimiento ovárico apunta precisamente en esa dirección. Los cambios en los vasos sanguíneos, las células de soporte y los mecanismos metabólicos e inflamatorios parecen formar parte del proceso de envejecimiento del ovario.

Aún estamos lejos de comprender por completo cómo se relacionan todos estos elementos entre sí.

Y quizá esa sea una de las partes más interesantes.

El ovario envejece de una forma muy particular

Los ovarios están entre los órganos cuya función empieza a mostrar cambios asociados a la edad relativamente pronto en la vida humana.

Con los años disminuyen tanto el número de folículos disponibles como, de media, la calidad de los ovocitos.

También aumenta el riesgo de alteraciones cromosómicas en los óvulos, especialmente a medida que avanza la edad reproductiva.

Nada de lo que ha descubierto esta investigación elimina esa realidad.

Lo que está cambiando es nuestra comprensión de los mecanismos que hay detrás.

Un estudio publicado en Nature Aging, por ejemplo, encontró cambios importantes en la expresión genética y en la regulación celular de distintos tipos de células del ovario con la edad, incluidas modificaciones relacionadas con la vía mTOR, el metabolismo mitocondrial y la vascularización.

Los propios investigadores son prudentes: estudiaron un número reducido de ovarios humanos y aún queda mucho por entender sobre cómo evolucionan estos cambios a lo largo de toda la vida reproductiva.

Hay una diferencia importante entre decir “ya sabemos cómo retrasar el envejecimiento ovárico” y decir “estamos empezando a entender mejor cómo envejecen los ovarios”.

Estamos claramente en la segunda frase.

¿Y qué tiene que ver todo esto con el ciclo menstrual?

Bastante.

La ovulación es el resultado de una secuencia de acontecimientos en la que intervienen el cerebro, la hipófisis, los ovarios y las hormonas.

El ciclo que observamos cada mes es una manifestación de ese sistema.

Cuando un folículo se desarrolla y se produce la ovulación, se generan cambios hormonales que provocan, entre otras cosas, una subida de la temperatura basal durante la fase lútea.

Ese cambio térmico es precisamente una de las señales fisiológicas que podemos observar.

Daysy mide diariamente la temperatura basal y analiza el patrón de cada ciclo para distinguir días potencialmente fértiles de días no fértiles.

No ve directamente los folículos ni mide cuántos óvulos quedan en los ovarios. Tampoco diagnostica la calidad ovocitaria ni la reserva ovárica.

Observa una señal fisiológica del ciclo.

Y esta distinción importa, porque conocer mejor el ciclo no significa reducir el cuerpo a un único número.

Al contrario.

Cuanto más aprendemos sobre los ovarios, más evidente resulta que la fertilidad es el resultado de todo un sistema en funcionamiento.

Hay algo bonito en este descubrimiento

Durante décadas hemos hablado de los ovarios sobre todo en términos de pérdida.

Cuántos folículos quedan. Hasta qué edad es posible quedarse embarazada. Cuánto ha disminuido la reserva. Cuándo empieza la menopausia.

Todas esas preguntas siguen siendo importantes.

Pero la investigación actual está añadiendo otras.

¿Cómo se comunican las células del ovario? ¿Qué papel desempeñan los nervios? ¿Por qué algunos tipos celulares envejecen de forma distinta a otros? ¿Cómo cambia el microambiente alrededor de los folículos?

Los ovarios son bastante menos pasivos de lo que parecían.

Y sí, son simpáticos.

Literalmente.

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Referencias

Gaylord EA, Foecke MH, Samuel RM, et al. Comparative analysis of human and mouse ovaries across age. Science. 2025;390(6778):eadx0659. doi:10.1126/science.adx0659.

Jin C, Wang X, Yang J, et al. Molecular and genetic insights into human ovarian aging from single-nuclei multi-omics analyses. Nature Aging. 2025;5:275–290. doi:10.1038/s43587-024-00762-5.

Hirano M, Onodera T, Takasaki K, et al. Ovarian aging: pathophysiology and recent developments in maintaining ovarian reserve. Frontiers in Endocrinology. 2025;16:1619516. doi:10.3389/fendo.2025.1619516.

Guo Y, et al. Ovarian microenvironment: challenges and opportunities in protecting against chemotherapy-associated ovarian damage. Human Reproduction Update. 2024;30(5):614–647. doi:10.1093/humupd/dmae020.

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