¿Masticar chicle está impidiendo que te quedes embarazada?
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¿Masticar chicle está impidiendo que te quedes embarazada?
Respuesta corta: no lo sabemos.
Respuesta más interesante: masticar chicle puede ser una fuente de exposición a microplásticos. Los microplásticos ya se han encontrado en distintos tejidos y fluidos del sistema reproductivo humano. Y existen razones biológicas para estudiar su posible efecto sobre la fertilidad.
Pero entre esas tres frases y afirmar que un chicle está impidiendo un embarazo hay bastante distancia.
Vamos a separar lo que ya sabemos de lo que todavía estamos intentando entender.
Sí, el chicle puede liberar microplásticos
En 2025, investigadores de la UCLA analizaron la liberación de microplásticos durante la masticación de diez chicles comercializados, cinco con base sintética y cinco descritos como naturales.
Encontraron partículas de microplástico en la saliva durante la masticación.
La cantidad varió bastante entre productos, llegando hasta 637 partículas por gramo de chicle. Aproximadamente el 94 % de las partículas detectadas se liberaron durante los primeros ocho minutos.
Y hubo un detalle especialmente interesante.
Los investigadores esperaban encontrar muchos más microplásticos en los chicles sintéticos.
No fue así.
Los chicles con base natural liberaron una cantidad similar a los de base sintética. Los autores todavía no saben con certeza de dónde proceden todas las partículas detectadas en los productos naturales.
Por tanto, cambiar simplemente un chicle convencional por uno “natural” no es, con los datos actuales, una solución demostrada para evitar esta exposición.
También importa entender el tamaño del estudio
Fue un estudio pequeño.
Se analizaron diez productos y la masticación la realizó una sola persona para reducir la variabilidad derivada de diferentes formas de masticar y distintos patrones de saliva.
Eso hace que el estudio sea útil para demostrar que el fenómeno existe.
No permite saber con precisión cuánto microplástico ingiere, de media, una persona que mastica chicle con frecuencia.
Tampoco nos dice qué ocurre después con esas partículas dentro del organismo.
Además, hay limitaciones técnicas importantes. El método de detección utilizado puede no identificar las partículas más pequeñas, así que las estimaciones pueden no representar toda la exposición real.
Es ciencia interesante.
Todavía no es una tabla de riesgo personal.
Entonces, ¿por qué estamos hablando de fertilidad?
Porque los microplásticos ya no son solo un problema ambiental abstracto.
Se han detectado en el cuerpo humano y, más recientemente, en estructuras directamente relacionadas con la reproducción.
En 2025, un estudio analizó el líquido folicular de 18 mujeres sometidas a tratamientos de reproducción asistida.
El líquido folicular es el fluido que rodea al ovocito dentro del folículo.
Se encontraron microplásticos en 14 de las 18 muestras analizadas.
Es un hallazgo relevante porque demuestra que estas partículas pueden llegar al microambiente en el que se desarrolla el ovocito.
Pero presencia no significa automáticamente daño.
El estudio era pequeño y no demostró que los microplásticos encontrados hubieran causado infertilidad, reducido la calidad ovocitaria o disminuido la probabilidad de embarazo.
Esa diferencia importa.
También se han encontrado en el sistema reproductor masculino
Los microplásticos ya se han identificado en semen y tejido testicular humano.
Esto ha abierto nuevas preguntas en la investigación sobre fertilidad masculina.
En modelos animales y estudios experimentales, la exposición a micro y nanoplásticos se ha asociado con alteraciones de la espermatogénesis, la movilidad y concentración espermática, estrés oxidativo, inflamación y cambios hormonales.
Pero, una vez más, gran parte de la evidencia sobre efectos biológicos procede de modelos animales o de laboratorio.
Los estudios en humanos siguen siendo escasos, utilizan metodologías distintas y no siempre consiguen medir la exposición real de forma consistente.
El problema de las dosis
Esta es una parte que suele desaparecer de los titulares.
En un estudio de laboratorio podemos exponer células o animales a una determinada cantidad de microplásticos y observar un efecto.
Eso ayuda a entender mecanismos posibles.
Pero no significa automáticamente que la exposición habitual de una persona produzca el mismo efecto.
Una revisión reciente sobre plásticos y reproducción humana llama precisamente la atención sobre esto: muchos estudios experimentales utilizan concentraciones elevadas y partículas producidas específicamente para investigación, que pueden no reproducir aquello a lo que estamos expuestos en la vida diaria.
Es una limitación importante cuando intentamos pasar de “esto puede causar daño en un modelo experimental” a “esto está reduciendo la fertilidad humana”.
Todavía no estamos ahí.
¿Y qué pasa con los llamados disruptores endocrinos?
Aquí también conviene no mezclar conceptos.
Algunos plásticos contienen o transportan sustancias con potencial de interferencia endocrina.
Pero un microplástico es una partícula física. Un disruptor endocrino es una sustancia capaz de interferir con la señalización hormonal.
Pueden estar relacionados, pero no son sinónimos.
La posible toxicidad de los microplásticos puede depender de varios factores, como el tipo de polímero, el tamaño y la forma de la partícula, los aditivos químicos, los contaminantes adheridos a su superficie y la cantidad de exposición.
Esta es una de las razones por las que todavía es tan difícil responder a una pregunta aparentemente sencilla: “¿cuánto microplástico es peligroso?”
A día de hoy no existe un número clínico que permita responderla.
¿Qué sabemos específicamente sobre fertilidad femenina?
Los estudios experimentales sugieren varios mecanismos posibles.
Se han descrito estrés oxidativo, inflamación, alteraciones de la función ovárica, de la foliculogénesis y de la producción hormonal en modelos animales y celulares.
Una revisión sistemática publicada en 2025 encontró efectos reproductivos negativos de los microplásticos en estudios experimentales femeninos, aunque la calidad de los trabajos era variable.
Una revisión más reciente de la literatura humana y experimental llega a una conclusión parecida: existen señales suficientes para justificar preocupación e investigación, pero todavía sabemos poco sobre la toxicidad reproductiva en humanos a niveles de exposición ambiental reales.
Es una posición menos llamativa que decir “los microplásticos causan infertilidad”.
También es mucho más fiel a la evidencia actual.
Entonces, ¿debería dejar de masticar chicle?
Actualmente no hay evidencia para decir que alguien deba dejar el chicle para proteger su fertilidad.
Tampoco hay base para afirmar que hacerlo aumente la probabilidad de embarazo.
Si masticas chicle todos los días y quieres reducir una posible fuente de exposición a microplásticos, consumir menos puede ser una decisión razonable.
Lo que no haría es convertirlo en una regla de fertilidad.
Y hay un dato curioso que precisamente ha cambiado esta recomendación respecto a los primeros artículos sobre el tema: elegir chicle con base natural no ha demostrado resolver el problema, porque en el estudio publicado las versiones naturales liberaron cantidades similares de partículas.
A veces la investigación sirve precisamente para estropear una recomendación demasiado simple.
Y eso está bien.
¿Podemos reducir la exposición a los microplásticos?
Eliminarla por completo parece poco realista.
Los microplásticos ya se han detectado en el aire, el agua, los alimentos y una enorme variedad de productos cotidianos.
Eso también significa que no tiene demasiado sentido concentrar toda la preocupación en un chicle.
Hay medidas sencillas que pueden reducir algunas fuentes de exposición, como evitar calentar alimentos en recipientes de plástico deteriorados, reducir el uso innecesario de plásticos desechables y optar por recipientes de vidrio o acero cuando resulte práctico.
Pero incluso aquí conviene no prometer certezas que todavía no tenemos.
No sabemos actualmente si estos cambios se traducen en una mejora medible de la fertilidad.
Reducir una exposición ambiental innecesaria puede ser una elección sensata.
Es distinto de presentarlo como un tratamiento de fertilidad.
¿Dónde entra Daysy en esta conversación?
No entra como detector de microplásticos.
Daysy no mide exposición ambiental, toxicidad ni calidad ovocitaria.
Mide la temperatura basal y sigue el patrón del ciclo menstrual para distinguir días potencialmente fértiles de días no fértiles.
Pero hay una razón por la que este tema tiene sentido en un blog sobre ciclo y fertilidad.
Durante mucho tiempo hemos hablado de fertilidad casi exclusivamente en términos de hormonas, ovulación, edad y anatomía.
La investigación actual está mostrando que la salud reproductiva también se cruza con el entorno en el que vivimos.
Todavía estamos intentando entender cuánto importa cada exposición y en qué condiciones.
Ese “todavía no lo sabemos” no hace que la investigación sea menos interesante.
Solo nos obliga a ser más cuidadosos con las conclusiones.
Entonces, ¿el chicle está impidiendo que te quedes embarazada?
No tenemos evidencia para decir que sí.
Sabemos que masticar chicle puede liberar microplásticos en la saliva.
Sabemos que los microplásticos pueden llegar a tejidos y fluidos del sistema reproductivo humano.
Y sabemos, sobre todo a partir de investigación experimental, que existen mecanismos plausibles por los que estas partículas podrían afectar a la función reproductiva.
Lo que todavía falta demostrar es una parte bastante importante de la historia:
cuánto afectan estas exposiciones cotidianas, en la práctica, a la fertilidad humana.
Hasta que lo sepamos, probablemente la posición más sensata esté en algún punto entre ignorar por completo el tema y empezar a mirar con desconfianza cada chicle.
Referencias
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American Chemical Society. Chewing gum can shed microplastics into saliva, pilot study finds. ACS Spring 2025.
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