Engravidar ou evitar: porque o teu wearable não chega à precisão de um termómetro basal

Quedarse embarazada o evitarlo: por qué tu wearable não llega a la precisión de un termómetro basal

Siete de la mañana. Suena el despertador. Coges el móvil para apagarlo y todavía ni has abierto los ojos.

Antes de la luz, antes del café, antes de los mensajes, hay unos minutos en los que tu cuerpo está lo más cerca posible de como va a estar en todo el día: en reposo absoluto, aún caliente por la cama, antes de haber hablado, caminado o bebido agua. En esos minutos es cuando se mide la temperatura basal.

Y es precisamente desde esa sensación donde queremos empezar a hablar de los wearables, es decir, de esos dispositivos electrónicos inteligentes que llevamos puestos todo el día.

Por qué sube la temperatura después de la ovulación

La temperatura basal es la temperatura más baja que alcanza tu cuerpo en reposo. Esto ocurre de madrugada, antes de cualquier actividad muscular o metabólica. Al medirla justo al despertar, sin moverte, se queda muy cerca de la temperatura central del cuerpo; esa que tu hipotálamo regula como un termostato y que sube y baja en respuesta a tus hormonas.

Después de la ovulación, el cuerpo lúteo empieza a producir progesterona. La progesterona actúa sobre el hipotálamo y desplaza el punto de regulación térmica hacia arriba. La temperatura central sube entre 0,2 y 0,4 grados Celsius y se mantiene elevada durante toda la fase lútea. Si hay embarazo, sigue alta. Si no, la progesterona disminuye, la temperatura baja y llega la menstruación.

Esta subida térmica responde directamente a la progesterona, la hormona que confirma la ovulación. En lugar de deducir que has ovulado, lees la señal que tu cuerpo envía en el momento de la ovulación. Esa diferencia, sencilla pero decisiva, es la base de más de un siglo de literatura científica sobre el ciclo.

Tres zonas para medir la temperatura interna

La temperatura que importa para el ciclo es la temperatura central. La que está dentro del cuerpo, regulada por el hipotálamo y en contacto con la sangre que circula.

Idealmente, la mediríamos ahí mismo. Pero no es posible, claro. Sin entrar en el ámbito hospitalario, nadie va a ir por ahí con sensores en el esófago o en la arteria pulmonar solo para saber qué día ha ovulado. Sin embargo, hay tres zonas del cuerpo que, en reposo, se acercan a esa temperatura central con la suficiente fidelidad: la boca con el termómetro debajo de la lengua, la vagina y el recto.

Las tres son cavidades internas, aisladas del entorno e irrigadas por la sangre que viene del interior. En reposo absoluto, antes de cualquier movimiento, ofrecen un valor que se queda a una fracción de grado de la temperatura central. La boca, por razones obvias, se convirtió en el lugar más práctico para el uso diario, y cuenta con más de un siglo de estudios y  documentación que respalda esta opción.

Lo que estas tres zonas tienen en común, y que la muñeca o el dedo no tienen, es muy simple: están por dentro.

 

La piel responde a todo menos al ciclo

La piel es un órgano de regulación térmica, pero en el sentido opuesto a lo que necesitas: libera calor al entorno cuando el cuerpo está caliente y retiene el calor hacia dentro cuando hace frío. Hace el papel de radiador, no el de termostato.

Esto significa que la temperatura de la piel de la muñeca o del dedo responde a prácticamente todo, excepto a la temperatura central. La literatura sobre termometría clínica es unánime desde hace décadas: la temperatura en la muñeca puede oscilar más de un grado en poco tiempo, mientras que la temperatura central se mantiene estable a una fracción de grado. La muñeca responde a la temperatura de la habitación, al edredón, a la postura de la mano mientras duermes, a una copa de vino en la cena, a una comida pesada o a tener los pies fríos.

Además, hay un detalle contraintuitivo: cuando la temperatura central está más alta, la de la piel suele estar más baja, porque el cuerpo está liberando calor hacia el exterior. Van casi al revés.

La señal que un reloj, un anillo o una pulsera miden en la piel es real. El problema es que se trata de una señal totalmente distinta a la que está enviando el ciclo.

daysy monitor de fertilidad

El tamaño de la señal y el límite de los sensores

La subida de temperatura después de la ovulación es pequeña. Entre 0,2 y 0,4 grados Celsius. Esa es toda la señal que hay.

Para que un sensor pueda leer una señal de ese tamaño con claridad en un solo día, su precisión tiene que ser sustancialmente menor que la propia señal. De lo contrario, el margen de error del propio sensor se come la subida que estás intentando ver.

Daysy fue diseñado precisamente para esta exigencia. Su sensor mide la temperatura oral debajo de la lengua con un margen de error de ±0,018 grados Celsius; es decir, la señal que intenta detectar es entre once y veinte veces mayor que ese límite. Hay espacio más que suficiente para que la subida de la progesterona aparezca con total claridad en un solo día, sin necesidad de deducir nada estadísticamente mediante medias móviles o desviaciones respecto a una línea de base.

Los sensores de piel de los wearables disponibles en el mercado trabajan, según el modelo, con una precisión de entre 0,13 y 0,23 grados Celsius. La señal a detectar sigue siendo de 0,2 a 0,4 grados. Esto significa que el margen de error del sensor está metido dentro de la señal. En algunos casos, incluso es mayor que la propia señal.

Una cosa es ver. Otra, adivinar.

Cómo llega la curva a la pantalla

La curva tan bonita que ves cada mañana en la aplicación de tu reloj, anillo o pulsera llega ahí después de mucho procesamiento. La señal en bruto, leída directamente por el sensor de piel, sería imposible de interpretar.

Los datos en bruto de la piel de la muñeca o del dedo tienen demasiado ruido como para poder interpretarse directamente. La industria de los wearables lleva años desarrollando herramientas de procesamiento para hacer que esa señal sea presentable: filtros para aislar frecuencias, exclusión estadística de valores atípicos según la media poblacional, interpolación lineal cuando faltan datos, medias móviles a lo largo de varias horas y la selección del valor más estable de la noche como el punto único del día. Cuando el número llega a la aplicación, ya ha pasado por cuatro o cinco capas de tratamiento.

Y hay un detalle más: el número que aparece es una desviación, no una temperatura medida. Lo que ves es que estás 0,1 o 0,2 grados por encima o por debajo de tu media personal. La temperatura real que registró el sensor nunca aparece en la aplicación.

Hay una razón técnica para esto. Como la señal tiene tanto ruido, solo tiene algo de sentido si se presenta en relación con una línea de base que el propio dispositivo calcula para ti durante semanas, para luego compararla contigo misma. Lo que ves es una curva con apariencia de información fisiológica, pero que en realidad es el resultado de una deducción estadística sobre una señal demasiado pequeña para el sensor que la ha leído.

Redondear no es educar

El punto que más nos molesta de esta conversación es este.

Cuando un sensor no tiene precisión para ver una subida de 0,2 grados, pero necesita ofrecer una respuesta todos los días para que la usuaria no desinstale la aplicación, el diseño de la solución es previsible: redondear valores, suavizar diferencias, comparar con la media personal, interpolar datos que faltan y cruzarlos con las pulsaciones, la variabilidad cardíaca o los patrones de respiración y movimiento. Al final, te devuelven una predicción de la fase del ciclo con apariencia científica.

En lugar de educación sobre el ciclo, tenemos justo lo contrario.

Educación sobre el ciclo es mirar la señal real y entender lo que te está diciendo. Comparas tu valor de hoy con el de ayer, entiendes que una subida sostenida a lo largo de tres días confirma la ovulación y, a partir de ahí, calculas tu fase lútea contando los días entre esa ovulación confirmada y el inicio de la siguiente menstruación. Reconoces que un ciclo sin una subida térmica clara puede ser un ciclo anovulatorio, y que eso es información relevante para comentarla con tu médica.

Esta es la lectura que métodos como el sintotérmico llevan haciendo décadas. Una lectura que tu cuerpo permite, siempre y cuando el instrumento esté a la altura.

Redondear valores que el sensor no es capaz de medir no simplifica el ciclo. Esconde lo que de verdad necesitas saber sobre él.

Y aquí hay algo que Daysy hace de forma diferente. Te muestra tres colores: verde, rojo o amarillo. El amarillo aparece cuando los datos de ese día aún no son suficientes para una lectura clara. El aparato no ha fallado. Esa mañana todavía no hay información que permita confirmar nada, y Daysy te lo dice en lugar de inventarse una respuesta. La precisión del sensor se mantiene intacta. Lo que cambia es la honestidad sobre lo que ya se sabe y lo que aún está por saber.

 

Cuando el ciclo no es de manual

Para una mujer con un ciclo perfectamente regular, sin patologías asociadas y en una fase estable de su vida, la diferencia entre estos dos mundos no cambia mucho su día a día. La curva suavizada del anillo o de la pulsera se acercará bastante a la realidad la mayoría de las veces.

La diferencia se vuelve decisiva cuando el ciclo deja de ser de manual.

Piensa en fases lúteas cortas, ciclos anovulatorios, ovulaciones que cambian de día según el estrés, hipotiroidismo, síndrome de ovarios poliquísticos, perimenopausia, el retorno de los ciclos tras dejar la anticoncepción hormonal o el posparto. Todos estos escenarios necesitan una lectura precisa, día a día, con el valor absoluto a la vista, y no una tendencia suavizada calculada a partir de una media personal.

Y hay otra capa más. La temperatura basal en valor absoluto, analizada a lo largo de las semanas, puede revelar patrones que apunten a problemas como el hipotiroidismo subclínico, asociado a dificultades de fertilidad y a pérdidas gestacionales precoces. Tener mañanas de forma constante por debajo de los 36,4°C es una señal que se debe investigar con un profesional de la salud. Esa señal nunca aparecerá en un dispositivo que solo te muestra desviaciones respecto a tu propia media, porque tu media anormalmente baja pasa a ser tratada como "tu normalidad".

Daysy muestra el valor real medido cada mañana, en grados reales, en lugar de una desviación respecto a una media que el aparato ha calculado sobre ti. Así, una temperatura basal crónicamente baja se vuelve visible por lo que es, en vez de quedar absorbida por la línea de base y ser tratada como tu normalidad.

La información que puede resultarte más útil es, exactamente, la que el diseño actual de los wearables elimina de la pantalla.

Depende de lo que quieras saber

Los relojes, anillos y pulseras son buenos en aquello para lo que fueron diseñados: patrones de sueño, variabilidad cardíaca, recuperación, actividad física y tendencias de bienestar a lo largo de las semanas. Para eso son útiles y mejoran cada año.

Sin embargo, para monitorizar el ciclo con la precisión que este exige, todavía no están a la altura.

La pregunta que debes hacerte antes de elegir un instrumento es qué respuesta estás buscando. Si quieres una fotografía general de tu bienestar, con una noción aproximada de en qué momento del ciclo estás, un wearable te sirve.

Si quieres saber qué día has ovulado en este ciclo, si tu fase lútea es lo bastante larga, si tu ciclo ha sido realmente ovulatorio o si tu temperatura basal en valor absoluto te está diciendo algo sobre tu tiroides, necesitas otro tipo de herramienta. Una que mida en el lugar adecuado, con la precisión correcta y que te entregue un valor real en lugar de un número que ya ha sido filtrado cuatro veces.

Para responder a estas preguntas es por lo que se diseñó Daysy. Mide en la zona correcta, con la precisión que la señal exige, te devuelve el valor real de lo que tu cuerpo ha registrado esa mañana y aplica reglas de lectura validadas por décadas de literatura sintotérmica para confirmar o no la ovulación. La respuesta que te da se basa en tus datos, en lugar de ser una estimación estadística sobre ellos.

Sin precisión, lo que parece información se queda en una impresión bonita.

Tu cuerpo es tu casa. La precisión es una forma de respeto.

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